La Corona Partida de Jordi Frades, nos acerca a uno de los periodos más interesantes de la historia de la península ibérica.

Michel Foucault realiza una labor de reinterpretación estructuralista de la locura en su célebre obra Historia de la locura en la época clásica, donde pretende diseccionar la configuración de la locura como lo otro al margen de la racionalidad. El autor y filósofo francés plantea la audaz hipótesis de una variación de la mirada sobre la locura, desde los tiempos en que pasó de ser una alteridad respecto de la cordura, hasta llegar a su completa medicalización durante el edad contemporánea.

Foucault constata como durante el renacimiento, frente a lo que había ocurrido en el medievo, la muerte deja su espacio protagónico a la locura, como nuevo objeto artístico y fascinante, que alcanza en las representaciones pictóricas de El Bosco y su célebre La nave de los locos (Stultifera Navis) su punto más álgido. En el renacimiento el loco es aquel que, en su necedad, muestra cuan loca está la propia razón. La historia de la humanidad está llena de reyes y reinas locas. Hay quien apunta incluso, como el revolucionario jacobino Louis de Saint-Just (1767-1794) o el filósofo presocrático Demócrito (460-370 ac), a que la propia institución, la monarquía, es una forma de irracionalidad.

De hecho la historia de la humanidad está llena de reyes y reinas locas, Jorge III de Inglaterra, Carlos VI de Francia, Ludwig II de Baviera o Iván “El terrible” son algunos ejemplos que nos muestran que los palacios reales pueden ser también manicomios improvisados. El cine no ha dudado en llevar las locuras reales a la gran pantalla. The Madness of King George (1 Nicolas Hytner, 1994) nos traslada a las intrigas palaciegas de finales del siglo XVIII en la corte del longevo rey inglés Jorge III. Ludwig (Visconti, 1972) nos habla sobre la tenua línea que separa el romanticismo y la locura. Iván el Terrible (Einsenstein, 1946) presenta inquietantes analogías entre la tiranía y la paranoia, utilizando la figura histórica del zar ruso Iván IV para en realidad referirse a Josef Stalin.

La Corona Partida - Diagonal TV - Director: Jordi Frades

La Corona Partida – Diagonal TV – Director: Jordi Frades

Si ha habido dos enajenados por excelencia en la iconografía cultural hispana, sin duda se trata tanto del personaje literario cervantino de Don Quijote, como de la no menos célebre reina Juana I de Castilla(1479-1555), más conocida por su sobrenombre de “Juana la loca”. Precisamente parte de las vicisitudes vitales de tan controvertida reina son el objeto de atención del realizador televisivo Jordi Frades en su primera película, La Corona Partida (2016), continuación del universo de la serie de televisión española Isabel (2012-2014). No es la primera vez que la famosa reina Juana es objeto de atención cinematográfica. El cine franquista la intentó convertir en su particular heroína patria en la muy popular “Locura de amor” (Juan de Orduña,1948). La película histórica de la productora CIFESA constituía una visión patriotera e histriónica del reinado frustrado de Juana amor, tan alejada del rigor histórico como influenciada por la visión romántica de la rey loca por amor, que se generalizó en el romanticismo durante el siglo XIX. Pintores como Eusebio Asquerino, Charles Steuben, Francisco Pradilla y Ortiz contribuyeron a mostrar visualmente episodios, ciertamente macabros, de la triste existencia de la reina propietaria de Castilla, Doña Juana. Víctima de las ambiciones de su podereso padre, Fernando II de Aragón, famoso consorte de la reina Isabel La Católica, y de su ambicioso e infiel marido, el archiduque de Austria y Conde de Flandes, Felipe de Augsburgo

Mucho más interesante desde el punto de vista cinematográfico resultó la visión pasional de la reina que hace Vicente Aranda con su Juana la Loca (2001), película que destaca por la colosal interpretación que de la desdichada reina Juana hizo la actriz Pilar López de Ayala. Se trata de un propuesta donde la sensualidad y el erotismo desbordante están mucho más presentes, que en la pacata y apocada visión de Juan de Orduña, lastrada sin duda por los condicionamientos de la censura vigente en los primeros tiempos del franquismo. 

La Corona Partida - Diagonal TV - Director: Jordi Frades

La Corona Partida – Diagonal TV – Director: Jordi Frades

La Corona partida (2016) intenta alejarse de ambos acercamientos respecto de la figura de Juan de Castilla. Por un lado, la visión nacional-católica de la película de Orduña es sustituida por una mirada maquiavélica de una época de la historia de España, comienzos del siglo XVI, donde dos hombres, Felipe de Borgoña y Fernando II de Aragón, rivalizan por repartirse el gobierno de la corona de Castilla, tras el fallecimiento de la reina Isabel La Católica. Por otro lado, Frades pretende presentar una visión más serena, más humana, menos pasional y visceral del personaje de Juana, a diferencia de la mirada histriónica y manierista de Vicente Aranda. El resultado es una película de factura correcta pero muy irregular y que no destaca en demasiados aspectos, más allá de ser una secuela muy cuidada de un exitoso producto televisivo, la serie Isabel. El título de la película hace referencia a los hechos históricos que acaecen cuando muere prematuramente la reína Isabel de Castilla (1451-1504), artífice junto a su marido Fernando II (1452-1516) de la génesis de la unidad Española a partir de los grandes reinos peninsulares medievales, Castilla y la corona de Aragón. Tras la muerte prematura de sus hermanos mayores Isabel y Juan (herederos de la reina Isabel), los derechos sucesorios sobre los reinos de Castilla y Aragón recaen en la inestable Juana, casada con el poderoso príncipe flamenco Felipe, quien ambiciona las riquezas de Castilla y sus posesiones americanas. Frente a  éste y parte de la nobleza Castellana que lo apoya, se sitúa el regente Fernando II de Aragón, viudo de la reina Isabel, quien intentará por todos los medios que Felipe no consiga su propósito de gobernar en Castilla y en Aragón.

La Corona Partida - Diagonal TV - Director: Jordi Frades

La Corona Partida – Diagonal TV – Director: Jordi Frades

La película se estructura en dos mitades bien diferenciadas. La primera coincide con el enfrentamiento, en la distancia, entre Fernando y Felipe por repartirse las tareas de gobierno de Castilla, al margen de la reina propietaria “Juana”. En una especie de visión nacional de Games of Thrones a la española, vemos desfilar a buena parte de los personajes que poblaron la serie Isabel, debatiéndose entre mantener su lealtad al testamento de la reina (que exige que gobierno Juana y no su ambicioso marido) o adaptarse a los nuevos aires venidos de Flandes. Esta parte resulta entretenida y goza de buenas interpretaciones de secundarios muy consagrados en el cine español contemporáneo, como Ramón Madaula (Chacón), Fernando Guillén Cuervo (Fuensalida) o Jacobo Dicenta (Belmonte). Con una fotografía muy cuidada, de tonos muy tenebristas en la línea pictórica del clasicismo decimonónico de Francisco Pradilla (1848-1921), y con unos efectos digitales bastante correctos, que intentan garantizar una puesta en escena históricamente creíble, la película naufraga en su segunda parte, que relata la historia tal cual y que todo espectador español conoce desde sus tiempos escolares; el retiro de Fernando de Castilla a sus dominios aragoneses, la súbita muerte de Felipe y la posterior locura e incapacitación de facto de Juana. Sin mayor interés que reflejar dichos acontecimientos históricos, ya muy conocidos, a la manera de una sucesión de Tableux vivant inspirados en la obra del pintor Pradilla, la película resulta previsible, mortecina por momentos y carente de interés, salvo quizás en su epílogo final, que es un guiño a los seguidores de la serie “Isabel”.

Más interesante hubiera resultado que el guionista, José Luis Martín, se hubiera alejado de la visión canónica de la historia de España y hubiera explorado los territorios desconocidos del thriller histórico, apuntado la línea de un posible asesinato del hermoso archiduque de Flandes a manos de su maquiavélico suegro Fernando. Quizás ese giro hacia el thriller, como hipótesis narrativa (incluso históricamente factible dado lo sospechoso de tan oportuna muerte para los intereses de Fernando de Aragón) nada descabelladada hubiera resultado en una película mucho más ágil, con un ritmo más trepidante y capaz de enganchar a un público más amplio (no necesariamente muy erudito en historia de España).

En cualquier caso la película es una constatación del gran nivel actoral del cine español con interpretaciones magistrales de veteranos como Eusebio Poncela (cardenal Cisneros) y jóvenes promesas del cine español como Irene Escolar (Juana), Raúl Mérida (Felipe) o el televisivo Rodolfo Sancho (Fernando).

Desconocemos sí la película se estrenará en los EEUU, aunque sea como producto televisivo. Sin embargo no se puede dejar de recomendar al menos como acercamiento a uno de los periodos más interesantes de la historia de la península ibérica.

 

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