Les Innocentes: Sección Oficial Seminci 2016

Les Innocentes de Anne Fontaine supone una nueva mirada de la directora de Coco avant Chanel a esas fábulas feministas sobre mujeres inconformistas que desafían el orden establecido, que tanto le gustan. Si en Coco avant Chanel era una joven e inconformista costurera la que desafiaba los márgenes de la moral decimonónica francesa, en Les Innocentes se trata de un grupo heterogéneo de religiosas frente al rigorismo religioso.

La historia de la directora franco-luxemburguesa está inspirada libremente en sucesos acaecidos en Polonia, justo después de terminar la II Guerra Mundial, cuando soldados soviéticos llevaron a cabo violaciones masivas de religiosas en conventos de clausura. A partir de estos hechos, recogidos en un diario por una médica francesa de la Cruz Roja, Fontaine construye un relato dramático, donde tienen cabida elementos tales como la violación, la represión religiosa y sobre todo el inconformismo frente a un orden social, religioso y moral que se considera injusto. 

Al acabar la II Guerra Mundial, en un convento de Benedictinas, la hermana María (Agata Buzek) solicita la asistencia de una doctora de la Cruz Roja francesa para que le asista en el parto de una hermana de la congregación. Por presiones de la madre superiora, que busca evitar el escándalo y que tiene visiones religiosas muy rigoristas, se hace creer a la doctora que se trata de un caso aislado. Pronto surgen nuevos casos que se enfrentan a la incomprensión de la madre superiora y al conformismo generalizado en la congregación, dispuesta a seguir ciegamente, por el voto de obediencia, lo que dictamine su superiora. Poco a poco, gracias a la insistencia de la doctora Mathilde (Lou de Laage), la hermana María (Agata Buzek) consigue que las cosas empiecen a cambiar. El descubrimiento del terrible secreto que oculta la madre superiora hará que las convicciones y la fe de muchas de las religiosas y novicias se vea cuestionada. 

La película recuerda por momentos en su trama a la célebre Agnes de Dios de Norman Jewison, que en su momento produjo bastante escándalo, en un momento en que los embarazos en los conventos y los abusos del clero no habían copado los titulares de los medios de comunicación. Más allá de un cierta coincidencia en la ambientación en un convento, el papel oscuro de una madre superiora y la existencia de un secreto guardado celosamente, ambas películas difieren claramente en la orientación narrativa. La de Jewison es un thriller y la de Fontaine es un drama muy emotivo, con final feliz y muy del gusto del público medio de un festival de cine. Lo más destacable es la acertada construcción de los personajes, que elude el maniqueísmo, la simplificación o la unidireccionalidad. La película no es ni propiamente un panfleto anticatólico, ni tampoco una película de denuncia de unos hechos históricos luctuosos (violaciones del ejército rojo) al uso. Es ante todo una fábula que se asienta en la idea, muy cara al cine francés, de la fraternidad como elemento que contribuye a resolver los conflictos. Frente al conformismo de las religiosas, dispuestas a aceptar la solución expeditiva y vergonzante de la madre superiora, la doctora Mathilde les propone poner entre paréntesis esa religión y ese Dios que se les ha impuesto para abrazar un inconformismo mucho más humano. 

El gran inconveniente de la película reside en su aparente perfección técnica y narrativa, en su excesiva previsibilidad, que le resta emoción y autenticidad. Todo es demasiado bello y cuidado en la fotografía (que recuerda en todo lo relativo a las escenas filmadas en el convento un poco a la película de Cavalier sobre Thérèse de Lisieux, las interpretaciones son muy notables, en especial de la Lou de Laage (Jappeloup) y contribuyen a hacer más digerible una narración un tanto plúmbea por momentos. Les innocentes en su exhibición en Seminci y en Sundance gustó tanto al público como dejó un tanto fría a la crítica, siempre mucho más exigente cuando se trata de diseccionar el llamado cine de autor. Hay quienes cuestionan la oportunidad de proyectar películas comerciales de autor en festivales, lo que no deja de ser una variante cinematográfica de la famosa expulsión de los poetas de la república de Platón. Sin ser la mejor película de Anne Fontaine, que domina la puesta en escena como pocas directoras, es, en cualquier caso, un bello acercamiento al universo femenino, visto desde la óptica de una serie de mujeres, cuyo mundo está circunscrito a los estrechos márgenes de un convento.

 

Authors

Related posts

0 comments
Top